¿Qué hacen un chino y un suizo a las 6.30 de la mañana en Dubai? Conversar. Hans Ulrich Obrist y Ai Weiwei hablan. De nuevo. Desde que sus caminos se encontraron por primera vez en la segunda mitad de la década de 1990, el suizo ha entrevistado a este artista polifacético de manera regular a lo largo de diez años. Y una década, en la vida de una persona que es capaz de proyectar su propia casa sin ser arquitecto, reunir a 1.001 chinos en Kassel, escribir fácilmente mil palabras en una mañana o volcar cien fotos en una entrada de un blog, entre otras muchas cosas…  bien merece una escucha atenta.

La Editorial Gustavo Gili vuelve a deleitarnos con una joya de libertad: 127 páginas que recogen distintas conversaciones en el tiempo entre Hans Ulrich Obrist y Ai Weiwei, hijo de Ai Qing, escritor chino que marchó a Paris en la década de 1930 para estudiar arte. A su regreso, encarcelado durante 3 años por el Partido Nacionalista Chino, como no podía pintar, Ai Quing se hizo escritor.

Leer a WeiWei es sentir la libertad de la mirada creativa, aquella capaz de superponer creación a medio, la misma que convierte a una persona como Weiwei en artista, arquitecto, comisario, editor, poeta y urbanista al mismo tiempo. Corre la vida por las venas de este hombre, y su evolución se nos muestra en dos autorretratos muy distintos: el de juventud, tomado en el East Village de Nueva York en 1985 muestra a un joven serio, la mirada proyectada, traje formal y cabello recortado: un hombre, que podría ser cualquier otro hombre.

21 años más tarde, Ai Weiwei, despojado de todo eso, aparece en camiseta. El hombre mira a cámara y sonríe, parece tranquilo, contento. Y uno siente al mirar su autorretrato la belleza de un hombre entrado en kilos que ha llegado a ese destino donde uno es uno: parecido a los demás pero genuino, personal.

Leer a WeiWei es también asomarse a China, un país de lujo y contrastes donde libertad es todavía una palabra maldita para personas como él, que en 1981, sin haberse graduado, decidió marcharse a Nueva York con treinta dólares en el bolsillo, sin hablar palabrita de inglés pero con esa lucidez que permite a algunas personas ver la realidad tal cual es, reírse con ella y reaccionar en consecuencia: “Yo era muy inocente, pero tenía mucha seguridad en mí mismo”, afirma Weiwei.

“La vida en los blogs es real porque es tu propia vida, y vivir es gastar el tiempo, nada más que eso. Tiene que ver con cómo usas el tiempo, y cuando lo estoy usando, esas cien mil personas están mirando también mi blog. Todas ellas pasan una pequeña cantidad de tiempo haciéndolo, al igual que yo. Mucha gente me ha dicho: “No puedes dejar de bloguear. Deberías ir con cuidado. Se te detienen, ¿qué vamos a hacer?” Es tan sentimental. Y dicen: “Te necesitamos; mirar tu blog se ha convertido en parte de nuestras vidas”, es muy gracioso”.

“Me tomo el arte muy en serio, pero mi producción no es tan seria y la mayor parte de ella es irónica. En cualquier caso, necesitas dejar rastros, que la gente pueda localizarte. Tienes la responsabilidad de decir lo que tengas que decir y estar donde tengas que estar. Eres parte del misterio y puedes conseguirlo más o menos”.

“Creo que este es el momento justo. Es el inicio de algo. Desconocemos de qué se trata y puede que suceda algo mucho más demencial, pero realmente vemos cómo empieza a despuntar la luz del sol. Ha estado nublado durante unos cien años. Nuestra situación general era muy triste, pero aún podemos sentir calor, y la vida en el interior de nuestros cuerpos nos dice que todavía quedan emociones por ahí, aunque la muerte nos esté esperando. Sería mejor que, en lugar de disfrutar el momento, creáramos el momento”.

-”¿Cuál es tu palabra favorita?

- Libertad.

-¿Cuál es la palabra que menos te gusta? - Tal vez mi nombre. (Risas del público).

-¿Qué es lo que más te excita? - No pienso decírtelo, porque no quiero compartir mi excitación contigo. (Risas del público).

- ¿Qué es lo que más te irrita en el mundo? - ¿No encontrar el aseo cuando necesito ir? (Risas del público).

- ¿Cuál es el momento que todos estamos esperando? - El momento que menos queremos.

- ¿Cuál hubiera sido el trabajo de tus sueños? – Hacer entrevistas. (Risas del público).

- ¿Cuál hubiera sido el trabajo que más hubieras odiado? – El final de las entrevistas. (Risas del público).

- Si Dios existe, ¿qué te gustaría que te dijera a las puertas del cielo? (…) – ¿Cómo viniste a parar aquí arriba? (Risas del público)”.

 

Ai Wei Wei- Conversaciones.Hans Ulrich Obrist. Editorial Gustavo Gili, Barcelona 2014,  127 páginas. 15 euros. A la venta on-line aquí.