Los laberintos son como los protas de las pelis: hay laberintos malos y laberintos buenos. Por suerte, unos y otros son fáciles de distinguir: si ves que te lías y no puedes salir, te has equivocado de laberinto y conviene que salgas de ahí por patas o trepando, dependiendo de la altura de los arbustos.

Hasta hace muy poco, mi relación con los laberintos era del tipo camembert, de cuando leí la historia de Hem y Haw, esos dos ratones protagonistas de un bestseller cremoso titulado  “¿Quién se ha llevado mi queso?”. Y nada, poco más.

-”Tienes que leer a Daniel H.Pink y su libro “Una nueva mente”, me dijo Juan de los Ángeles hace unos meses. “Te va a encantar”.

“Una nueva mente” habla del fin de la era conceptual y del cambio de paradigma que estamos viviendo. Los protagonistas de esta nueva época son personas capaces de combinar de forma equilibrada habilidades creativas, -propias del hemisferio derecho del cerebro-, con otras más racionales, -propias del hemisferio izquierdo-.

Pink describe a continuación los seis sentidos claves para esta nueva era: Diseño, Narración, Sinfonía, Empatía, Juego y Sentido. Un puñado de ejercicios y reflexiones interesantes acompañan todo el libro.

¿Y el laberinto cuándo? El laberinto ahora, ahora en seguida. ¿Sabes que los laberintos más antiguos son de la época de los egipcios? Casi al final del libro, Pink habla de Sentido, de la importancia de la felicidad en nuestras sociedades avanzadas y de la emergencia de perfiles profesionales que sean generadores o facilitadores del mismo: “La felicidad no puede perseguirse; debe lograrse”, escribió Viktor Frankl.

Los laberintos, los buenos, los diseñados en espiral, no dan la felicidad, pero ayudan: “Conforme el cerebro izquierdo se va sumiendo en la progresión lógica de recorrer el camino, el cerebro derecho queda en libertad para pensar de forma creativa”.

Hay en Internet un localizador mundial de laberintos y si pones España y vives en Alicante de pronto alucinas al descubrir que muy cerca, en Benissa, hay un jardín secreto donde Christine Lomer ha diseñado un laberinto de iris, mezcla de bulbos blancos, púrpura y malva entre los que puedes esconderte y jugar a recorrer la espiral de tu vida, círculo arquetípico del todo y la unidad, vida al completo que recorremos cachito a cachito.

-”¿Por qué un laberinto?” Le pregunté a Christine el día que tuve la suerte de conocerle a ella y a su precioso jardín secreto.

Christine respondió que su gran pasión son los iris y que, al comprar la finca que ahora contiene una de las selecciones más completas de variedades de España, una parte del terreno quedó vacío y ella y su marido pensaron: ¿Qué podríamos hacer aquí?

“Vivimos en un mundo tan centrado en el cerebro izquierdo… y hay todo un mundo más que debemos integrar para hacer frente a los retos del nuevo siglo. Cuando la gente se adentra en un laberinto, sus consciencias pasan de lo lineal a lo no lineal, y traen a la superficie nuestro patrón más profundo e intuitivo”.

Más en:Daniel H.Pink – “Una nueva mente. Una fórmula infalible para triunfar en el mundo que se avecina”, en el Localizador de laberintos , en el Jardín Secreto de Christine Lomer y en ambos lados de tu cerebro.