Ahora que Instagram ha añadido la posibilidad de publicar vídeos me estoy echando a temblar. El calor del verano es capaz de torrar la mente más privilegiada. Si desde hace un tiempo nos salen las paellas con filtro por las orejas, este año, encima van a tener su equivalente animado. Vamos a portarnos bien, por favor.

Antes de que todos tuvierámos un teléfono supersónico, antes incluso de que tuviéramos el Alcatel Easy One Touch, existía un mundo en el que los programas del verano eran los reyes. Los reyes de la caspa, claro.

Antes de esto, la gente veía la televisión y esperaban con ansia todo el año al posado de Ana Obregón…

Qué genial ver ahora todos esos videos llenos de pantalones que no tenían claro donde estaba la cintura, camisetas extra grandes por dentro y con complementos tan importantes como una goma para el pelo.

Programas que iban de pueblo en pueblo por toda la geografía española, haciendo que los mozos pudieran tener su ratito de gloria, o no, y sus madres pudieran decir aquello de el niño sale en la tele, o no.

Las Mamachicho, de aquellos barros, estos lodos…

Pero como todo el mundo sabe, lo peor de los 80 ocurrió a principios de los 90. Como lo malo de cada año, mediáticamente hablando claro, pasa en verano, ya os podéis imaginar qué liada. El verano de 1991 fue el de Las Mamachicho y el padre de los programas retransmitidos desde un parque acuático: ¡Caliente! Con Ana Obregón como presentadora y supuestas entrevistas como contenido.

Verano es una estación más ligera y, porque nos lo merecemos, bajamos el ritmo. Pero eso no es razón para que saquemos a la folclórica que tenemos dentro. Que la playa sea un elemento democratizador tan poderoso como la red nos debe ayudar sacarle otro potencial que no tenga que ver con la España más cañí. Porque, aunque mucha gente se sienta orgullosa de este producto tan patrio, la realidad es que nada dentro de los límites de lo kistch.

Así que, portémonos bien, no saturemos Instagram de videos de cámara frontal poniendo carusa y llenémoslo de experiencias que merezcan la pena compartir. Si no, quietos. Porque el hombre es el único idiota que tropieza dos veces con la misma piedra, no volvamos a cometer el error de hacer un archivo gigantesco de cupcakes y cosas cuquis.

Si no nos portamos bien con internet terminaremos así…