Si me preguntas así, de primeras, si me gustan las riñoneras, te diré que no.

Si me preguntas así, de segundas y después de haber vivido casi un año en Copenhague, te diré que ahora me encantan, sobre todo las clásicas.  De todas formas, como para gustos los colores, la pregunta en torno a la riñonera es siempre:  ¿sí o no?

Con el nombre desde luego no se calentaron mucho la cabeza. El complemento,  que ha vuelto a ponerse de moda más fuerte que nunca, puede verse pegando fuerte en los barrios trendy daneses de Norrebro y Vestebro.

Más allá de esta ciudad, los amantes de este accesorio son  jóvenes que viven en ciudades como París, Berlín, Copenhague, Estocolmo y Helsinki (entre otras), personas inmersas en ambientes creativos, que usan la tecnología como una plataforma integrada para estar en contacto con el mundo y los demás.

Creo que el éxito de la riñonera como nuevo “Must have” se debe antes a su funcionalidad que a la estética, sobre todo en ciudades como Copenhague, donde alrededor del 90 % de la población se desplaza en bicicleta. Cuando vas en bici, puedes llevar la mochila, el bolso o la cesta, pero cuando sólo llevas llaves, dinero y móvil, por ejemplo,   la riñonera pasa a convertirse en la mejor opción.

En distintos tonos, de piel y color -marrones y, por supuesto, negro-, son muy utilizadas tanto por chicos y chicas de entre 18 y 30 años.

En la imagen (tomada con el móvil desde la bici) puedes ver a dos amigas (que parecen siamesas por la manera de vestir) con sus riñoneras, no sólo del mismo color, sino del mismo lado.

Una de las prendas con las que más se combina la riñonera es la gabardina “Oversized” y las zapatillas de deporte. A mí me costó acostumbrarme y ahora me encantan. Lo que hace la cultura, lo que hacen las costumbres.

Al final, es sorprendente ver que la moda no es sólo un medio de comunicación, sino un fuerte espejo de la identidad. El salto de nuestro yo interior, al exterior a través de la moda.